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Edadismo: el último tabú de la violencia estética

Mujer frente a un espejo analizando su reflejo en un entorno de belleza contemporánea

Mi amiga T. repite la misma anécdota cada vez que nos vemos: alguien le dice que aparenta menos edad de la que tiene. Lo cuenta con orgullo, como si hubiera ganado una batalla contra el tiempo. Mientras la sociedad ha avanzado en no juzgar el peso o el aspecto físico ajeno, los comentarios sobre la edad siguen siendo socialmente aceptados. ¿Por qué un halago como “te veo joven” sigue vigente? ¿Qué hay detrás de este culto a la juventud?

“La juventud se ha convertido en el ideal, el paradigma a mantener. Y mientras ese sea el marco mental, nos sentiremos mal”, explica Anna Freixas, escritora y autora de Yo, vieja. “No le dirás a alguien: “¡Qué bebé te veo!”. Es absurdo. Pues lo mismo con la juventud. Fui bebé, fui joven y ahora soy vieja”, añade la también doctora en psicología.

La belleza contemporánea se ha reducido a dos mandatos: juventud y delgadez. Si en los 90 la obsesión era la dieta, hoy la industria cosmética impone la tiranía de la piel perfecta. Rutinas de skincare, cremas antiarrugas, bótox o ácido hialurónico dominan redes sociales y publicidad. Cualquier método parece válido para borrar años.

El edadismo y sus consecuencias

Este rechazo a la edad no solo aísla a las personas mayores, sino que también daña la autoestima de generaciones jóvenes, generando problemas de salud mental. “Cuidar la piel debe ser compatible con cuidar la salud mental”, subraya la Fundación Grandes Amigos, que el verano pasado lanzó una campaña para cambiar el lenguaje dañino de la industria cosmética. Como señala Simone de Beauvoir: “Morir prematuramente o envejecer: no hay alternativa”.

Freixas lo define así: “El edadismo está profundamente arraigado en el sistema patriarcal. Tenemos que ponernos las gafas grises para detectarlo: infantilizar a los mayores, ignorar su opinión o no respetar su privacidad. Cualquier conducta que no dignifique la vida de las personas viejas”.

“Al final he cedido y me he teñido”, confiesa con resignación mi amiga L. “La semana pasada me pinché ácido y estoy encantada”, cuenta T. “He descartado hacerlo en Turquía; hay un centro cerca de casa que me da más confianza”, dice R., cansado de ver cómo sus entradas afectan su autoestima. La juventud sigue asociándose a valor positivo, y el envejecimiento, a pérdida. “Envejecer no es perder, son cambios”, insiste Freixas.

Reimaginar la vejez

“Aspiramos a parecer eternamente jóvenes porque, cuando te dicen que estás bien para tu edad, te están diciendo que pareces vital, saludable, con energía”, explica Vânia de la Fuente, exresponsable de la campaña contra el edadismo de la OMS y autora de La trampa de la edad. “Estamos dejando de lado una etapa cada vez más larga de la vida. No deberíamos dejar que la sociedad defina nuestra vejez, sino que debemos definirla nosotros mismos”.

Un estudio en EE.UU. reveló que las personas con una percepción positiva del envejecimiento viven, de media, 7,5 años más que quienes lo ven de forma negativa. “Si alguien cree que a cierta edad tiene menos energía, hará menos ejercicio; si asocia la vejez con enfermedad, actuará en consecuencia”, añade de la Fuente. El edadismo, sin embargo, también perjudica a los jóvenes: “Se idealiza la juventud, pero no se traduce en un buen trato. Los jóvenes enfrentan discriminación en empleo o vivienda. El grupo con mayor estatus hoy es la mediana edad”.

El lenguaje también construye realidades. Más allá de las cremas antiedad o rejuvenecedoras, las frases cotidianas refuerzan estereotipos: “Estás muy bien para tu edad”, “no aparentas tus años”, “pareces más joven”. Las expertas proponen eliminarlas y decir, simplemente: “Te veo bien”, “qué bien estás”.

Mantener un círculo íntimo con personas 15 años mayores o menores que uno mismo ayuda a normalizar las distintas etapas. “Te dicen que la menopausia es lo peor, pero muchas amigas la viven como una etapa liberadora”, apunta Freixas. No se trata de idealizar la vejez, sino de quitarle etiquetas: fragilidad, dependencia, enfermedad.

¿Y si el miedo a la vejez es, en realidad, miedo a la muerte? “Una teoría que explica el edadismo es la del manejo del terror. Pero la muerte puede llegar a cualquier edad. El culto a la juventud y el terror a la muerte son dos caras de la misma moneda”, reflexiona de la Fuente.

¿Sigue siendo bella la arruga?

Hace más de 40 años, el eslogan de Adolfo Domínguez, “La arruga es bella”, marcó un hito. Aunque su origen era comercial —promocionar el lino, que se arruga con facilidad—, el lema trascendió y se convirtió en una metáfora de la belleza imperfecta y de la edad. ¿Que sigamos repitiéndolo demuestra que no hemos avanzado lo suficiente?

En Dame veneno que quiero vivir, Leticia Sala recoge testimonios de pensadoras feministas. Susan Sontag hablaba del miedo de las mujeres a perder “el derecho a ser vistas” al envejecer. Simone de Beauvoir señalaba que la sociedad se niega a entender la vejez. Mientras la reflexión avanza, el deseo sigue siendo el mismo: un futuro donde decir “qué bien te veo” sea un halago. Sin importar la edad.

Efectos prácticos

  • Daño a la salud mental en múltiples generaciones: El rechazo social a la edad genera problemas de salud mental que afectan tanto a las personas mayores, que se sienten aisladas, como a las generaciones jóvenes, cuya autoestima resulta dañada por la presión del ideal de juventud.
  • Adopción de intervenciones estéticas por presión social: La asociación del envejecimiento con la pérdida de valor lleva a las personas a someterse a rutinas de cuidado de la piel, uso de bótox o ácido hialurónico, e incluso a teñirse el cabello para ocultar las canas.
  • Impacto físico derivado de la percepción del envejecimiento: Las personas que mantienen una percepción negativa de la vejez tienden a realizar menos ejercicio y a actuar conforme a la creencia de que tendrán menos energía, lo que reduce su esperanza de vida media en comparación con quienes tienen una visión positiva.
  • Discriminación laboral y habitacional hacia los jóvenes: La idealización de la juventud no se traduce en un mejor trato, sino que resulta en situaciones de discriminación para este grupo en el acceso al empleo y a la vivienda.
  • Modificación del lenguaje cotidiano para eliminar estereotipos: La eliminación de frases como «estás muy bien para tu edad» o «no aparentas tus años» y su sustitución por expresiones neutras como «te veo bien» busca dejar de reforzar la idea de que envejecer es algo negativo.
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