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Pérdida auditiva en niños y adolescentes: un riesgo en aumento

Adolescente usando auriculares con volumen alto en un entorno urbano

La audición no se recupera como la musculatura. Si dejas el gimnasio, puedes volver a estar en forma con esfuerzo. Pero si pierdes la audición, no hay vuelta atrás.

“Una vez que se pierde, ya no hay vuelta atrás”, advierte Valerie Pavlovich Ruff, audióloga de la Cleveland Clinic en Ohio. Aunque tradicionalmente se asociaba el deterioro auditivo con la edad, ahora los especialistas detectan signos de pérdida auditiva en adolescentes e incluso en niños menores de 10 años.

“Todos solemos descuidar la protección de nuestros oídos cuando somos jóvenes”, señala Jamie Bogle, audióloga de la Mayo Clinic en Arizona. “Esos episodios se acumulan con el tiempo, y las acciones de nuestra juventud pueden pasar factura más adelante”.

Por qué la pérdida auditiva es irreversible

En el oído interno, la cóclea —una cámara llena de líquido— alberga miles de células ciliadas. Cada una tiene un mechón de pelos delicados conectados a una neurona que envía señales al cerebro. Cuando el sonido entra en forma de ondas de presión, estos cilios se mueven, transformando el movimiento en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como sonido.

La exposición prolongada a sonidos fuertes actúa como un viento huracanado: dobla o rompe estos pelos. A diferencia de las pestañas, no vuelven a crecer. “El oído humano tiene todas las células ciliadas que tendrá desde el nacimiento”, explica Pavlovich Ruff. “Una vez perdidas, la pérdida es permanente”.

Los investigadores exploran terapias genéticas para regenerar estos pelos, inspiradas en animales como el pez cebra o las gallinas. Pero, por ahora, la única defensa es la prevención: proteger lo que ya se tiene.

Conciertos, auriculares y otros riesgos cotidianos

La música en directo suele amplificarse a volúmenes perjudiciales. “A ese nivel, el oído interno sufre daños tras solo 10 o 15 minutos”, advierte Pavlovich Ruff. Para disfrutar de un concierto sin riesgo, recomienda usar tapones de alta fidelidad, que reducen el volumen sin distorsionar el sonido. Los hay económicos (desde $25) o personalizados para músicos (unos $175).

El mismo principio aplica a eventos deportivos, donde el ruido del público puede ser ensordecedor. “Veo bebés con protección auditiva, pero sus padres no la usan. ¿No quieren oír a ese bebé cuando sea adulto?”, pregunta la especialista.

Sin embargo, el riesgo más frecuente proviene de los auriculares. Pavlovich Ruff atendió a una niña de seis años con daños auditivos por usar el ordenador portátil de la escuela al volumen máximo. Un estudio sueco con niños de 9 años halló diferencias significativas en la audición entre quienes usaban auriculares habitualmente y quienes no. Se estima que hasta 1,350 millones de personas menores de 35 años podrían sufrir pérdida auditiva prematura por exposición a sonidos amplificados.

Muchos dispositivos incluyen limitadores de volumen. “Si llevas auriculares y puedes hablar con alguien cercano sin gritar, el volumen es seguro. Si no, es excesivo”, aclara Pavlovich Ruff.

Jardinería, bricolaje y el ruido de la carretera

Herramientas como cortacéspedes, sopladores de hojas o sierras eléctricas generan niveles de ruido peligrosos. Algunas autoridades en EE.UU. exigen reemplazar herramientas de gasolina por versiones eléctricas, más silenciosas. No obstante, los expertos insisten en usar protección auditiva: tapones, cascos acústicos o ambos.

“Los cascos acústicos ofrecen mayor protección y es más difícil colocarlos mal”, explica Bogle. Para quienes deseen escuchar música o pódcasts durante estas tareas, recomiendan cascos con cancelación de ruido.

Conducir con la ventanilla bajada en autopistas también puede dañar la audición. El viento genera más ruido de lo que parece, y al subir el volumen de la radio para compensarlo, el efecto es doblemente perjudicial. Los motociclistas deben usar tapones de alta fidelidad, que reducen el ruido del motor sin bloquear sonidos esenciales, como las sirenas de emergencia.

Protección auditiva: cuándo y cómo usarla

El oído se autolimpia mediante el cerumen, que lubrica el conducto y expulsa bacterias y células muertas. Introducir objetos como bastoncillos o tapones puede compactar el cerumen, causar infecciones o bloquear el sonido. Si hay acumulación, lo ideal es acudir a un especialista. También existen gotas de venta libre para ablandarlo, seguidas de un lavado suave con agua tibia y una pera de goma.

Pavlovich Ruff desaconseja usar tapones todas las noches por el riesgo de acumulación de cerumen. Sin embargo, en situaciones puntuales —como vacaciones en zonas ruidosas o vuelos nocturnos— no hay problema, siempre que los oídos tengan tiempo para autolimpiarse durante el día.

¿Cuándo hacerse una prueba de audición? La recomendación general es antes de los 60 años, pero la pérdida puede ocurrir a cualquier edad. Pavlovich Ruff sugiere prestar atención a dificultades para seguir conversaciones en entornos ruidosos o a la aparición de tinnitus (zumbido en los oídos), especialmente tras exposición a ruidos fuertes.

Efectos prácticos

  • Irreversibilidad del daño auditivo: La pérdida de audición es permanente porque las células ciliadas del oído interno no vuelven a crecer una vez que se rompen o doblan por sonidos fuertes. Al nacer con todas las células que se tendrán en la vida, cualquier daño sufrido en la infancia o adolescencia se acumula sin posibilidad de recuperación natural.
  • Uso obligatorio de protección en entornos ruidosos: La exposición a música en directo, eventos deportivos o herramientas de jardinería requiere el uso de tapones de alta fidelidad o cascos acústicos para evitar daños en apenas 10 o 15 minutos. Estos dispositivos reducen el volumen sin distorsionar el sonido ni bloquear señales esenciales como las sirenas de emergencia.
  • Ajuste del volumen en dispositivos personales: El uso de auriculares es seguro únicamente si permite conversar con alguien cercano sin necesidad de gritar, lo que indica que el nivel de sonido no es excesivo. Ignorar esta regla expone a niños y adolescentes a una pérdida auditiva prematura, ya que muchos dispositivos alcanzan volúmenes perjudiciales que los usuarios no perciben como peligrosos.
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