El sedentarismo suele asociarse con dolores de espalda o aumento de peso, pero expertos en salud alertan que pasar muchas horas sentado también puede comprometer el hígado, uno de los órganos vitales del cuerpo.
Médicos e investigaciones científicas coinciden en que permanecer sentado durante largos periodos favorece alteraciones metabólicas que incrementan el riesgo de desarrollar enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA), una condición que puede avanzar sin síntomas durante años.
El impacto del sedentarismo en el hígado
El hígado es clave en el metabolismo de grasas, azúcares y otras sustancias. Cuando la actividad física disminuye, el cuerpo pierde eficiencia para usar la energía, lo que aumenta la resistencia a la insulina y promueve la acumulación de grasa visceral.
Esta grasa puede depositarse en el hígado, dando origen al hígado graso no alcohólico. Los médicos destacan que el proceso suele ser silencioso, y muchas personas lo descubren solo en revisiones médicas o estudios de imagen.
Riesgos a largo plazo y factores asociados
Si no se controla, la acumulación de grasa puede provocar inflamación en el hígado. En algunos casos, esto evoluciona hacia fibrosis, cirrosis o incluso insuficiencia hepática.
Aunque no todos los sedentarios desarrollan estas complicaciones, los especialistas subrayan que el estilo de vida es un factor modificable clave para proteger la salud hepática. El sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y una dieta alta en azúcares y ultraprocesados también elevan el riesgo.
¿Cuántas horas sentado son peligrosas?
Estudios vinculan estar más de ocho horas al día sentado, sin pausas activas, con mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Los expertos señalan que el sedentarismo prolongado puede ser tan perjudicial como otros factores de riesgo si se mantiene durante años.
Por ello, no es suficiente con hacer ejercicio una o dos veces por semana si el resto del día se pasa inmóvil. Los especialistas recomiendan levantarse y caminar entre cinco y diez minutos cada hora para reactivar el metabolismo y mejorar el uso de glucosa y grasas.
Además, organizaciones de salud hepática aconsejan acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, como caminar rápido, andar en bicicleta o nadar.
Efectos prácticos
- Detección tardía de la condición hepática: Dado que el proceso de acumulación de grasa en el hígado suele ser silencioso, muchas personas solo descubren que padecen enfermedad del hígado graso no alcohólico al realizarse revisiones médicas o estudios de imagen.
- Insuficiencia de la actividad física esporádica: Realizar ejercicio únicamente una o dos veces por semana resulta insuficiente para contrarrestar los riesgos si el resto del día se mantiene inmóvil, ya que el sedentarismo prolongado sigue favoreciendo alteraciones metabólicas.
- Necesidad de pausas activas horarias: Para reactivar el metabolismo y mejorar el uso de glucosa y grasas, es necesario levantarse y caminar entre cinco y diez minutos cada hora, especialmente si se está sentado más de ocho horas al día.
- Requerimiento de volumen semanal de ejercicio: Las organizaciones de salud hepática establecen la necesidad de acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, como caminar rápido, andar en bicicleta o nadar, para proteger la salud del órgano.









