MITO SOBRE LA SAL | Quienes son diagnosticados con hipertensión suelen creer que deben eliminar la sal por completo, pero médicos especializados en salud cardiovascular aclaran que no es correcto y puede llevar a decisiones alimentarias muy restrictivas e innecesarias.
La doctora Michelle Routhenstein, dietista cardiológica de Entirely Nourished, señala que muchos pacientes llegan a su consultorio convencidos de que deben evitar el sodio por completo. “Está muy lejos de la verdad”, aclara.
Según explica, no se trata de eliminar la sal de la dieta, sino de aprender a regular su consumo dentro de parámetros saludables.
Aunque seas hipertenso, el sodio es un mineral necesario
Uno de los puntos clave que resaltan los especialistas es que el sodio no es un elemento “prohibido”, sino un mineral esencial para el funcionamiento del organismo. El sodio cumple funciones importantes como el equilibrio de los líquidos en el cuerpo, la transmisión de impulsos nerviosos y el correcto funcionamiento de los músculos. Por esta razón, incluso las personas con hipertensión necesitan consumirlo en cantidades controladas.
Eliminarlo por completo, además de ser poco realista, puede resultar contraproducente para la salud general. De hecho, las recomendaciones médicas actuales no apuntan a una eliminación total, sino a un control estricto de la cantidad diaria.
Cuánta sal puede consumir al día un hipertenso
Según la American Heart Association (AHA), una persona con presión arterial alta no debería superar los 2,300 mg de sodio al día. Sin embargo, el objetivo ideal es aún más bajo: alrededor de 1,500 mg diarios.
La doctora Routhenstein advierte que esta cifra puede parecer elevada, pero no debe subestimarse. De hecho, una sola cucharadita de sal puede contener una cantidad cercana a ese límite diario, lo que evidencia lo fácil que es excederse sin darse cuenta. Por ejemplo, si un hipertenso consume una cucharadita de sal en el desayuno, ya estaría cerca de alcanzar el 50% de su límite diario recomendado.
Los expertos también recuerdan que la hipertensión no es causada únicamente por el consumo de sodio. Existen factores genéticos, la edad, la diabetes y las enfermedades renales que influyen directamente en su aparición. A esto se suman hábitos como el tabaquismo, el sedentarismo y una dieta poco saludable, que pueden aumentar significativamente el riesgo.
Por lo tanto, es fundamental que las personas con hipertensión trabajen con un profesional de la salud para desarrollar un plan de alimentación personalizado que tenga en cuenta sus necesidades individuales y ayude a controlar su presión arterial de manera efectiva.










