ALIMENTACIÓN DE ÉLITE | A los 38 años, Lionel Messi sigue jugando en la élite con una pregunta que se repite cada vez más: cómo hace para mantenerse competitivo, ligero y decisivo en una etapa en la que muchos futbolistas ya están retirados o muy lejos de su mejor versión. La respuesta no está en un solo secreto, pero la alimentación ocupa un lugar central.
Durante años, Messi arrastró problemas digestivos que incluso llegaron a verse en pleno partido, con episodios de vómitos dentro del campo. Según distintos reportes, el cambio fuerte llegó alrededor de 2014, cuando empezó a trabajar con el especialista italiano Giuliano Poser y modificó de manera profunda su forma de comer.
La idea no fue simplemente “hacer dieta”, sino ordenar el combustible del cuerpo: menos azúcar, menos ultraprocesados, menos harinas refinadas y más alimentos simples, frescos y ricos en nutrientes. Ese giro se parece mucho a un modelo mediterráneo y antiinflamatorio, una línea de alimentación que la ciencia asocia con mejor salud metabólica, menor inflamación y envejecimiento más saludable.

Ahí aparece un concepto cada vez más usado: la edad biológica. No se trata de cuántos años marca el documento, sino de cómo funciona el organismo por dentro: metabolismo, inflamación, recuperación, masa muscular, energía, descanso y riesgo de enfermedad.
En un deportista como Messi, esa diferencia puede ser clave. No alcanza con tener talento: también hay que recuperarse rápido, moverse liviano y sostener el cuerpo durante temporadas larguísimas.
Agua: la base silenciosa de todo
La hidratación es uno de los pilares más simples y menos negociables. En un futbolista de alto rendimiento, perder agua no solo da sed: afecta la concentración, la resistencia, la temperatura corporal y la recuperación muscular.
En la dieta de Messi, el agua aparece como la base absoluta. No como complemento, sino como punto de partida. Menos bebidas azucaradas y más hidratación real.
Aceite de oliva: grasa buena para un cuerpo exigido
El aceite de oliva virgen extra es uno de los símbolos de la dieta mediterránea. Aporta grasas saludables y compuestos con efecto antioxidante, muy valorados en planes de alimentación enfocados en reducir inflamación.
Para un jugador que entrena, viaja y compite todo el año, la calidad de las grasas importa. No es lo mismo una grasa de una fritura que una grasa proveniente de aceite de oliva, frutos secos o pescado.
Frutas frescas: energía, fibra y antioxidantes
Las frutas ocupan un lugar importante porque aportan vitaminas, minerales, agua, fibra y antioxidantes. En términos prácticos, ayudan a sumar energía sin recurrir al azúcar refinado.
También son una forma simple de cuidar el intestino, algo clave para cualquier persona, pero especialmente para un deportista que necesita digestiones livianas antes de entrenar o competir.
Verduras de temporada: el escudo antiinflamatorio
Las verduras frescas son otro pilar de este modelo. Cuanto más color tiene el plato, más variedad de micronutrientes suele aportar: hojas verdes, tomates, zanahorias, brócoli, pimientos, calabaza, legumbres y otros vegetales.
En la lógica antiinflamatoria, no se trata de comer “poco”, sino de comer mejor. Un cuerpo bien nutrido suele recuperarse mejor que uno lleno de calorías vacías.
Cereales integrales: energía lenta, no explosiones de azúcar
Quinoa, avena, arroz integral y otros granos enteros aportan carbohidratos complejos. La diferencia con las harinas refinadas es importante: liberan energía de manera más gradual y suelen venir acompañados de fibra y minerales.
Para Messi, que necesita explosión, cambio de ritmo y lucidez durante 90 minutos, el combustible no puede depender de picos rápidos de azúcar. La energía estable es parte del rendimiento.
Pescado y proteínas magras: músculo sin digestión pesada
La dieta de Messi también prioriza proteínas de buena calidad, como pescado fresco, pollo y otras fuentes magras. Las proteínas son esenciales para reparar fibras musculares, sostener la masa magra y recuperarse después del esfuerzo.
El punto no es eliminar todas las carnes, sino elegir mejor y evitar excesos que hagan más lenta la digestión o sumen grasas de baja calidad.
Menos azúcar refinado: el gran enemigo
Uno de los cambios más repetidos en torno a la dieta de Messi es la reducción fuerte del azúcar refinado. El motivo es claro: no aporta nutrientes relevantes, favorece picos de glucosa y puede complicar la recuperación cuando desplaza alimentos de mejor calidad.
En términos de edad biológica, el exceso de azúcar y ultraprocesados suele estar asociado con peor salud metabólica. Para un deportista, además, puede significar menos estabilidad energética.
Fuera gaseosas y bebidas carbonatadas
Messi dejó atrás una etapa en la que consumía más gaseosas, chocolates y comidas poco favorables para el alto rendimiento. Según él mismo contó en entrevistas, comer mal le pasaba factura.
Hoy, la lógica es otra: agua, comidas simples y, en su caso, el mate como parte de su rutina cultural y cotidiana. El mate no reemplaza al agua, pero sí ocupa un lugar mucho más coherente que una bebida azucarada.

Harinas refinadas, fritos y ultraprocesados: menos carga para el cuerpo
Las harinas refinadas, las frituras y los ultraprocesados suelen tener algo en común: muchas calorías, poca densidad nutricional y una digestión más pesada. También pueden sumar grasas trans, exceso de sodio y aditivos innecesarios.
En un jugador que necesita sentirse liviano, esa diferencia importa. No es solo una cuestión estética: es movilidad, reacción, sueño, digestión y recuperación.
Carnes rojas y dulces tradicionales: menos exceso, más control
Messi no construyó su carrera comiendo como un monje. Como muchos argentinos, creció cerca de las carnes, las pastas, los chocolates, los alfajores y el dulce de leche. La clave del cambio fue moderar, recortar excesos y profesionalizar la rutina.
La diferencia no está en prohibirse todo para siempre, sino en entender qué alimentos ayudan y cuáles conviene dejar para momentos puntuales.
La clave final: simple, fresco y constante
La dieta de Messi no parece una fórmula extravagante. De hecho, su mayor fuerza está en lo básico: agua, aceite de oliva, frutas, verduras, granos enteros, pescado, proteínas magras y menos azúcar.
En tiempos de dietas extremas, suplementos virales y promesas antiage, el caso Messi recuerda algo más sobrio: para rendir mejor y envejecer mejor, muchas veces no hace falta comer raro. Hace falta volver a comer simple.
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Impacto en la salud y el rendimiento deportivo
La dieta antiinflamatoria de Lionel Messi no solo ha mejorado su salud general, sino que también ha tenido un impacto significativo en su rendimiento deportivo. Al reducir el consumo de azúcar refinado y alimentos ultraprocesados, Messi ha logrado mantener una energía estable durante los partidos, lo que le permite mantener su alto nivel de rendimiento incluso a los 38 años.
Según expertos en nutrición deportiva, una dieta rica en alimentos frescos, frutas, verduras y granos integrales puede mejorar la recuperación muscular y reducir la inflamación en el cuerpo. Esto se traduce en una mejor capacidad para entrenar y competir, lo que ha sido clave para la prolongada carrera de Messi en la élite del fútbol.
- Mejora en la recuperación muscular
- Reducción de la inflamación en el cuerpo
- Mantenimiento de la energía durante los partidos
¿Qué sigue para Messi?
A medida que Messi continúa jugando en la élite, su dieta y estilo de vida seguirán siendo cruciales para su éxito. Se espera que siga priorizando alimentos frescos y naturales, y que continúe evitando aquellos que puedan perjudicar su salud y rendimiento. La lección de Messi es clara: comer simple y saludable es clave para rendir mejor y envejecer mejor.









